
Cuando se tienen tantos conocimientos e inquietudes como los tuvo Cortázar se vuelve menester jugar con todas las posibles formas de lenguaje y expresión que se tengan a mano. Esta tarea no es sencilla, sobre todo porque requiere de gran insolencia y osadía por parte de su realizador, por suerte a este escritor no le faltaron ninguna de las dos que además acompañó de talento y un alto nivel de sensibilidad a las confusas realidades humanas.

Una de las causas primordiales de la angustia humana es la falta de respuestas acerca de su existencia, aunque muchos de nosotros en algún momento de nuestras vidas nos hemos percatado de la gran importancia que tiene esta inquietud, el asumir el rol de buscadores incansables no ha sido garantía de éxito, ni siquiera de avance: la mayoría de las veces terminamos por encontrarnos más confundidos y acongojados que antes. Sin embargo, en este incierto camino también encontramos profetas como el enorme Julio Cortázar, ese ser que nos quita el suelo y las paredes, que nos cambia la naturaleza de los componentes que nos rodea y nos transporta a una realidad tan ajena como reveladora. Pero la clave de su victoria no consiste solamente en eso, la destreza de este autor se caracteriza por la perfección estética y el travieso humor con el que logra llevarnos de la mano hasta involucrarnos en un hermoso absurdo en el que no existe la lógica lineal.
Entrar en un cuento de Julio es como vivir una delirante escena con un efecto la mayoría de veces interesante y agradable, casi siempre acompañado de ideas que no son más que destellos de fascinante realidad que se complementan perfectamente dentro de unas pocas palabras, el hecho de abordar el problema humano desde lo no-humano logra poner en la mente de los lectores una sonrisa inquieta que dura para siempre. Si hablamos ya de sus novelas la historia es completamente diferente, opuestos matices (que podrían ser cuentos) se acumulan haciendo que los personajes se sientan tan cercanos que asusten, para él "la novela y el cuento se dejan comparar analógicamente con el cine y la fotografía".

Una novela como Rayuela puede cambiarle la vida a cualquier descuidado que en ella se encuentre de frente con sus propios dramas en el momento menos esperado, la forma en que el libro abarca la encrucijada mental y emocional de Horacio Oliveira y demás personajes demuestra las complejidades a las que puede llegar la vida misma vista desde varios e ilógicos puntos de vista, es muy posible que cualquier estructura que se le hubiera dado a su lectura tuviera el mismo efecto (o uno colateral equivalente), por lo que podría considerarse sobrevalorada la idea de que lo revolucionario de esta novela se base en la forma salteada en que se pueden leer sus capítulos. En este libro Cortázar plantea de forma bastante original, interesante y hasta entretenida, los problemas que llevan muchos años planteándonos diferentes escritores y filósofos como Camus, Kafka, Dostoievsky y hasta Poe, para lo que se abastece de acontecimientos autobiográficos y emociones propias entrañables de su corazón latinoamericano.
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La inteligencia de Cortázar fue suficiente para resolver el eterno conflicto de la tarea artísitica como expresión política: a pesar de su gran aporte a la causa latinoamericana fue extremadamente cuidadoso en no transformar la naturaleza y finalidad de su escritura, con un movimiento que pudo haber sido la provocación de indignación por parte de sus lectores y críticos, el escritor tan sólo logró una considerable carga de simpatía y cariño por parte de los mismos.
El rigor con el que este gran escritor asumió su papel está evidenciado en las grandes cantidades de textos que no le interesó publicar, en la manifiesta perfección de todas sus obras y en la sinceridad inviolable con la trató cada tema. Por eso su trabajo es motivo de homenaje e inspiración de una verdadera labor revolucionaria en muchos sentidos.
:: Ilustración header por: Gilmar Fraga ::
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