
Las historias de horror y ciencia ficción pueden llegar a ser encantadores vehículos de exploración de la subconsciencia humana. Enfrentarse con los miedos representados de forma entretenida es un agasajo que debemos
agradecer a esos intrépidos visionarios que logran trascender en el arte de la literatura fantástica. H. P. Lovecraft fue uno de ellos, su legado está repleto de referencias excepcionales que no son más que mundos elaborados finamente a partir de lo más insólito y perturbador que se pueda encontrar en nuestras pesadillas.
Antes de la incursión de este escritor al mundo literario, las historias de terror tradicionales se componían de hechos sobrenaturales como vida después de la muerte, fantasmas y cultos satánicos. A estos elementos Lovecraft les agregó toda una mitología creada por él, razas alienígenas, escalofriantes avances de la ciencia y la existencia de otras dimensiones. A partir de ello, Lovecraft logró en su escritura una mezcla sutil y maliciosa en la que nos brindó un conocimiento condenatorio, nos lo puso de frente en una historia que no nos puede llevar a otra cosa diferente que a la reflexión, a la más introspectiva, porque no hay nada más humano que inmiscuirse en un mundo de monstruos creados por otro ser humano y sentir que no se puede escapar de ellos.

No hay en el mundo fortuna mayor, creo, que la incapacidad de la mente humana para relacionar entre sí todo lo que hay en ella. Vivimos en una isla de plácida ignorancia, rodeados por los negros mares de lo infinito, y no es nuestro destino emprender largos viajes. Las ciencias, que siguen sus caminos propios, no han causado mucho daño hasta ahora; pero algún día la unión de esos disociados conocimientos nos abrirá a la realidad, y a la endeble posición que en ella ocupamos, perspectivas tan terribles que enloqueceremos ante la revelación, o huiremos de esa funesta luz, refugiándonos en la seguridad y la paz de una nueva edad de las tinieblas. Lovecraft, La llamada de Cthulhu.
Lovecraft nació en Rhode Island, desde niño fue un ser particular: ciertos comportamientos de evasión del a realidad que fueron evidentes desde que tenía tres años han sido atribuidos a la estricta crianza de su madre y a la temprana muerte de su padre. A los siete años ya escribía historias policíacas, a los quince creó su primer cuento de terror y a los dieciséis escribía una columna de astronomía para un periódico. Era de esperarse que el joven Lovecraft no gozase de una interacción social exitosa con sus congéneres; tal infortunio fue acrecentado por la delicada salud que lo acompañó por siempre. Su vida de ahí en adelante estuvo llena de una serie de acontecimientos erráticos en los que se destaca la pobreza, la depresión, el aislamiento, un matrimonio fallido, etc. En medio de todo este destrozo (o gracias al mismo) Lovecraft consigue finalmente un gran esplendor literario evidenciado en una gran cantidad de textos. En sus últimos años sus escritos se caracterizaron por su complejidad y longitud, y por lo tanto por su dificultad para ser publicados. En toda su vida publicó un libro, el resto de su obra fue publicada por sus amigos después de su muerte.
Lovecraft murió a los cuarenta y siete años, enfermo, deprimido, solo y pobre; pero tuvo la suerte de dejarnos sus alucinaciones, tuvo la suerte de ser inmortal. En su lápida las personas generalmente citan uno de sus escritos: "Que no está muerto lo que puede yacer eternamente, y con los extraños eones incluso la muerte puede morir.".
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