Ricardo Abdahllah es un joven escritor colombiano radicado en París. Conozco y he seguido su trabajo desde hace algún tiempo, en él tiende a representar de la forma más sincera e introspectiva las ideas que lo rodean
y hacen parte de su entorno, de su realidad. Para esto se ha valido de diferentes tipos de expresión, en los que podemos encontrar ficción, humor, cinismo y, últimamente, un trabajo periodístico que se destaca por su limpieza y profesionalismo.
Ricardo nunca se queda callado, en sus declaraciones acusa explícitamente a gobiernos y religiones; en sus artículos y reportajes deja reflejada su pasión y la impresión más particular que le generan los temas sobre los que trata; en las entrevistas que realiza es evidente una particular conexión con el entrevistado que hace que la comunicación sea especialmente acertada. Es así que la entrevista que hizo al ex reportero Dominique Lapierre para El Malpensante se llevó este año el Premio Simón Bolívar “Entrevista”. Tuvimos la oportunidad de hacerle algunas preguntas a Ricardo sobre la forma en que asume y desarrolla la interesante labor de hacer entrevistas:
¿De qué forma se nutre un escritor de su labor de entrevistador?
Creo que un escritor se nutre, o debe intentar nutrirse, de todas sus conversaciones, porque escribirá mejor entre más conozca y comprenda a las personas. La entrevista, si sale bien, es una conversación privilegiada, en la que el entrevistador puede darse el lujo de guiar la conversación hacia los temas que le interesa profundizar, en la que en principio, tiene el derecho de ir más allá de lo permitido en una conversación informal.
Y viceversa...
digamos que un escritor llega a conocer cómo funcionan los diálogos y sabe guiarlos, que no quiere decir inducirlos. Guiarlos hacia lo que quiere buscar. En el caso de Dominique Lapierre, la entrevista me permitió aprender detalles acerca de la manera de trabajar de un maestro del periodismo y la narración.
¿Cuál es el proceso de desarrollo de las entrevistas que haces? ¿Es igual en todos los casos?
Cada vez es diferente, porque los temas llegan de diferente manera, los entrevistados son fáciles o difíciles de acceder y sus obras, si las hay varían en extensión y profundidad, pero hay un patrón: luego de que nace el interés hay que profundizar en razón del tipo de entrevista y la extensión que tendrá. Como la entrevista de Lapierre era para El Malpensante, donde un texto puede llegar a tener veinticinco páginas, sabía que se requería mucha profundidad, así que leí la obra completa del personaje, que es bastante extensa. Mientras tanto, lo iba buscando (con mails, llamadas y cartas) e investigaba su vida, hablando con personas que lo habían conocido. Cuando nos vimos por primera vez, sabía que teníamos de qué hablar.
¿Disfrutas más de tu labor como escritor o de tu trabajo como entrevistador y periodista?
Los dos por supuesto, la libertad de inventar y el placer de construir una historia a partir de hechos que no puedes tocar son complementarios, No me vería prescindiendo de ninguno de los dos.
Dominique Lapierre es un escritor y reportero que compartió la autoría de algunos de sus más célebres libros con el periodista Larry Collins (fallecido hace cuatro años). En uno de sus trabajos más controversiales "Arde París" juntos trataron el tema de la liberación de Francia en la segunda guerra mundial y la participación protagónica del comandante alemán Von Choltitz en la misma. A continuación presentamos un par de fragmentos de la entrevista realizada por Ricardo a Dominique y publicada en la Revista El Malpensante, que tratan sobre el tema:

Ustedes no fueron los primeros en intentar entrevistarlo, pero él se había negado a volver a hablar del tema. Había pasado tres años en prisión y se había retirado a Baden-Baden. ¿Cómo lograron convencerlo?
Fue difícil. Aunque los periodistas ya no lo acosaban tanto como luego de su salida de prisión, Von Choltitz recibía de vez en cuando peticiones, pero siempre se negaba. Esencialmente creo que lo convencimos porque conocíamos muy bien cada cosa que había hecho en París. Habíamos leído los documentos donde se consignaban las órdenes que había dado y recibido, y habíamos entrevistado a varias de las personas que durante los últimos días de la ocupación habían estado con él en su cuartel general del Hotel Meurice.
Fue un trabajo más o menos manejado como una investigación policíaca que nos había llevado a Estados Unidos, además de por toda Francia y Alemania para encontrar a los oficiales que lo habían acompañado. Cuando lo visitamos por primera vez, podríamos haberle dicho incluso los gestos que hacía cuando recibía, primero directamente y luego por mensajeros, las órdenes de Hitler. Sólo nos faltaba saber por qué las había desobedecido.
Von Choltitz fue la última pieza, la primera fueron los archivos del Ministerio de Guerra francés.
En París existía un archivo con las respuestas del cuestionario que se le había hecho a cada uno de los soldados alemanes en el momento de su . Se trataba de las preguntas básicas que debe responder un prisionero de guerra: nombre, grado y unidad, junto a la fecha y el lugar de la captura. Pero como cada cuestionario se almacenaba en una ficha, teníamos un montón de información desde la que podríamos empezar. Lo que hicimos fue contratar a un equipo de quince personas para revisar esas fichas y encontrar las que correspondían a prisioneros capturados en agosto de 1944, que resultaron ser unas cuatro mil. Un número pequeño del total, pero que en su mayoría tenían lleno el campo adicional de “En caso de accidente avisar a______”.
Que usualmente estaba seguido de la dirección de sus padres...
... que usualmente estaba seguido de:
Adolf Hitler
6, Voßstraße Postdamer Platz
Berlín
Liberación de Francia - 1944
Sobre el personaje de Von Choltitz subsiste una polémica. En ¿Arde París? ustedes lo presentan como un héroe y ésa es la imagen que se conserva de él, al punto de que varios generales franceses asistieron a su funeral. Pero hay quienes afirman que si no destruyó París fue porque no contó con la logística para hacerlo y luego se dio cuenta de que su único escape era rendirse, una cuestión más práctica que de principios.
Se dice eso, que él desobedeció a Hitler solo porque quería salvar su vida, pero está claro que aunque él era un alemán no era un nazi convencido. O más bien que era un nazi pero no un SS convencido. Después de haber hablado con Hitler en Rastenburg el 7 de agosto, Von Choltitz comprendió que Alemania había perdido la guerra, y durante los dieciséis días que duró como comandante de las fuerzas alemanas en París siempre tuvo esa idea en la cabeza. Es posible que de haber tenido los medios militares para defender la ciudad hubiera reaccionado de otra manera, al fin y al cabo era un oficial respetuoso de las órdenes, pero cuando vio que la situación no tenía salida, hizo el esfuerzo de retrasar la destrucción de la ciudad hasta la llegada de los aliados y así ahorró una masacre y finalmente salvó París. Puede que no fuera una actitud desinteresada, pero bien hubiera podido hacer lo contrario.
Destruir la ciudad como había hecho en Sebastopol...
Exacto, la situación era similar y por eso, aunque los alemanes perdieron esa batalla, Von Choltitz dejó tras de sí una ciudad en ruinas y lo llamaron el “Héroe de Sebastopol”. En París ya sabía que no tendría sentido hacerlo de nuevo, que después del desembarco en Normandía era una locura continuar. Una y otra vez lo repitió en nuestras entrevistas, la impresión que tuvo Von Choltitz cuando vio a Hitler la última vez era que su máximo comandante había perdido la razón.
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SOBRE RICARDO ABDAHLLAH
Foto por: Leo Carreño
Los viajes de Ricardo en Flickr
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