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Análisis | La Otra forma de asumir el país

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Estamos en Cundinamarca, no en Dinamarca” es la frase que me queda sonando cuando entrevisto a Jairo Valenzuela, director tanto de la Valenzuela Klenner Galería, como de La Otra, feria de arte contemporáneo de Bogotá. Y es que Dinamarca queda en el hemisferio norte, donde están todos los países desarrollados; es una de las naciones más pacíficas del planeta entero y también la más feliz. Cundinamarca, en cambio, ni hablar. O sí, hay que hablar: es departamento de uno de los países más violentos y corruptos del mundo: Colombia.

Un país cuyo perfil suele estar sintetizado en el narcotráfico, la droga, los guerrilleros y paramilitares y, de pronto, en los últimos años, un deforme corazón con el que se pretende ‘cambiar’ (tapar) la imagen que el mundo tiene del país y hacerle creer que somos pasión, por encima de la pobreza, el desplazamiento, la corrupción, etc. Pero si no es la droga en lo primero que piensan algunos, cuando se trata de Colombia, otros ni siquiera saben qué es, o, si acaso, lo identifican como un territorio selvático, habitado por indígenas trepados en los árboles.

No es mentira, no. La visión que se tenía antes de —y que se consolidó con— el mal llamado ‘descubrimiento de América’ acerca del salvaje, el no civilizado, el otro, se mantiene aún. No sólo porque a través de los siglos se ha cristalizado en el imaginario colectivo y por ello es muy difícil cambiarla, sino porque es la forma esencial que el ser humano tiene para definirse así mismo: “Yo no soy así como usted, por el contrario, soy así”. Justamente de esta forma se valió La Otra, como decía, una feria de arte contemporáneo que nació hace tres años como una opción diferente a ArtBo.

II

la otra pez

Anualmente, por el mes de octubre, en la ciudad se habla un poco más de arte que de costumbre. La razón es que desde el 2005 se realiza ArtBo, la feria internacional de arte de Bogotá, un espacio que pretende ser ‘vitrina comercial’ para fortalecer el arte y las industrias culturales del país, a través del intercambio entre galerías nacionales e internacionales. Una de aquellas, desde un principio fue, justamente, la Valenzuela Klenner Galería, sin embargo, su participación durante el 2005 y el 2006 le dejó en claro, al grupo de personas que trabajan en ésta, una cosa: el desenfoque de ArtBo o su perspectiva netamente ferial, en la que desde la Cámara de Comercio —entidad privada que apoya el evento—, se impulsó un evento más para Corferias, dentro del ramillete de ferias ya establecidas, como la de ‘Agroexpo’ o ‘la del hogar’.

Para Jairo Valenzuela una feria de arte no se puede manejar desde la concepción del producto utilitario porque, “si algo tiene el arte es que rompe con eso, no es un producto cualquiera y, por el contrario, cuestiona, justamente, ese consumismo”. Teniendo esto como precedente, se retiraron, pero además, con la idea de hacer algo. Así surgió La Otra.

la otra - lina leal

Se empezó a definir como un espacio vivo, conectado con la gente y la calle y no domesticado bajo un recinto ferial acartonado, de hecho sus sedes han sido siempre edificios abandonados de la ciudad. Hoy, después de tres años, personas importantes dentro del medio, como Lucas Ospina y María Ángela Méndez, coinciden al definir a La Otra como un evento que tiene la frescura de la independencia, y en el que los espectadores dejan a un lado su traje de serios para ver arte.

III

De arte colombiano como tal, no se puede hablar. Sería como discutir sobre la matemática colombiana, cosa que no existe. Existe la matemática, así como existe el arte. Más bien coexisten tipos, según Ospina: arte para aburrirse, para vender, para adornar o para desesperar, y de estos hay en Colombia y en todo el mundo. De acuerdo con Méndez, se puede, tal vez, hablar de personas que trabajan activamente, antes que de ‘arte colombiano’; ella, como curadora de la Regional para la zona centro y espectadora del ArtBo y La Otra, afirma que existen artistas que se repiten en uno y otro evento, se puede ver la continuidad de su trabajo, mas no diferencias con lo que se hace en el resto del mundo.

Se podría, entonces, hablar de arte tradicional y arte contemporáneo, y de artistas colombianos que así lo asumen. Botero es un ejemplo del primero, un artista que se hizo famoso por esculpir y pintar personajes gordos caricaturizados, una especie de fórmula que lo hizo famoso a nivel internacional, pero que hoy en día algunos perciben como monótono. Para Botero el otro arte es más bien una “dictadura, una mafia del video y de la instalación que no dejan ver suficientemente la otra cara del arte, de un arte contemporáneo que tiene la característica de estar unido a la tradición”. Es decir, la cadena, según él, va —o iba— del siguiente modo: Velásquez-Delacroix inspiraciones de Cézanne, inspiración a su vez de Picasso y así sucesivamente hasta que en un punto, por una ‘imbecilidad’, Duchamp y sus ready mades rompieron la continuidad.

la otra - clases de cuchillo

No imagino entonces a Botero asistiendo a La Otra, feria en la que la condición para entrar es ser arte contemporáneo, propuestas independientes. Qué diría de artistas colombianos como Edwin Sánchez cuya obra, “Clases de cuchillo”, consiste en una serie de televisores que muestran un video en el que un señor, literalmente, muestra cómo hacer un cuchillo a partir de una segueta y unos vasos plásticos derretidos y, acto seguido, explica cómo atracar a una persona. O de Víctor Escobar quien, haciendo alusión a la narco-realidad de nuestro país, nos muestra objetos sencillos recubiertos de cristales como diamantes, como un balón de fútbol.

Me sigue resonando la frase de Jairo Valenzuela. Y es que según su explicación, aquí pasan cosas y es importante que se le dé la oportunidad al arte de expresar y a las obras de potencializarse. Y es cierto. La descripción del país que inicia este artículo no es infundada y a veces los medios oficiales, sesgados por ciertos compromisos políticos y/o económicos hablan de verdades a medias. Los artistas en cambio, tienen una mayor libertad y pueden pintar un bodegón, pero también pueden hacer uso de esa libertad y denunciar una situación social, ir más allá del objeto de decoración, desencajar la pasividad del espectador y moverlo a la reflexión.

IV

En un estado en el que el mínimo del presupuesto está dirigido a la cultura y la mayoría a todo lo que, justamente, le es contrario a aquella, propuestas como La Otra son significativas: aquí se tienen en cuenta procesos anteriores a la obra que no se pueden obviar, no se pueden maquillar o matizar porque el mensaje sea fuerte. Funciona como una plataforma para mostrar y vender, pero también para desmontar “el aparataje tan tremendo en el que se ha montado el arte y generar otras cosas”, como que el arte que propone en otros niveles tenga también su espacio.

El arte contemporáneo lo es porque responde a esta época, a una experimentación de materiales y de conceptos. Hoy en día se puede hacer un bodegón, pero hay que preguntarse qué tipo de bodegón. Como dice Jairo Valenzuela, “no se trata de cambiar el mundo, pero sí, al menos, de que la gente salga pensado”. Una otredad donde se da visibilidad a Colombia, no cubriendo sino evidenciando sobre lo que hay que trabajar.

Popular de Lujo | Foto por: Felipe Sierra | 2009

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SOBRE LA AUTORA

juanitaJuanita Bernal Benavides es una colombiana, literata de 25 años, que cree saber lo que hace a la hora de escribir pero que al mismo tiempo lucha con su miedo a enfrentar la hoja en blanco. Es fanática del graffiti y el street art y no deja de navegar en la red buscando algo más que aprender sobre esto. Le gusta experimentar con la fotografía y pasa sus días corrigiendo textos que otros con más valentía escriben.

Contacto: Flickr Juanjo

Fotografía de perfil por Maria Elisa Duque

 

 


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