Es difícil hablar de un artista que ya se ha definido a si mismo verbal y visualmente, por lo que mi primera recomendación para quien esté interesado en conocer y comprender enteramente el trabajo de Marcos López es digerir sus fotografías, textos y manifiestos, estos componentes hacen parte de una aleación que representa una completa y singular visión de la “realidad” latinoamericana.
Se puede decir que el arte de Marcos es un arte comprometido en el sentido en el que el artista realmente intenta y logra expresar todas las contradicciones que le genera su entorno. Este fotógrafo además de ser latinoamericano, tuvo el azar de no haber nacido en una capital, este fenómeno y su alta sensibilidad para percibir el mundo que lo rodea hacen que su obra represente de la forma más acertada a su propio pueblo.


El confuso inconformismo y el agudo resentimiento presentes en cada ser que habita este sector del mundo que se conoce como latinoamérica deben ser exteriorizados a través de imágenes que logren metodológicamente mostrar una verdad que ha sido repetitivamente escondida, matizada, disfrazada y difuminada en los estereotipos y falsas esperanzas en que se han empeñado en trabajar ya varias generaciones de artífices de la expresión. La clave de la fotografía de López consiste en que se vale de la trasgresión de la realidad para a su vez obtener un fiel retrato de la misma; el contexto andino es tan cruel y confuso que tan sólo a través de una ironía ostentosa en donde se encarne de forma simbólica su panorama social puede encontrar su camino a la verdad.
En la imagen siempre hay un escenario artificial en donde los personajes “actúan” en medio de adornos y elementos iconográficos que ayudan a Marcos a concebir la fotografía que halle la tan anhelada identidad de la patria y hasta del mismo continente, una obra que nos hace pensar más en pintura que en fotografía nos muestra entonces la paradoja que es Argentina para los ojos de uno de sus más desencantados e inquietos habitantes.

Pop latino y Sub-realismo criollo son algunos de los nombres que López da a sus colecciones, nombres que se han convertido en términos conceptuales en donde una estética de color saturado e iconos pop es utilizada desde el absurdo para hacer posible una reflexión sincera y lo suficientemente decente sin tener que morirse de tristeza en el intento.
Es así que la última cena es convertida en un asado típico argentino, los superheroes no son más que burdos personajes de imitación, el futbol es la religión más adorada, los iconos políticos que alguna vez personificaron una revolución son imágenes desgastadas sin validez alguna, los doctores son curados por sus pacientes, las reinas de belleza y las amas de casa son más reinas de belleza y amas de casa que nunca, los letreros típicos de cada carretera resaltan en technicolor, y todo esto no es más que una exhibición de circo, un museo entero de latinomericaneidad.




















